Admiración
Mi intención primera era escribir un blog totalmente distinto a este que al final ha salido. Estaba ya básicamente pensado incluso, pero uno no puede controlar el destino o las cosas que le emocionan cada día y hoy ha sido uno de esos días en los que no puedo dejar de pensar o hablar de esto. De la mujer.
Un miércoles más hemos ido al Blue Note, el bar latino de Göttingen, a tomar algo y bailar, o intentarlo un poco. Ha habido muy importantes ausencias pero mi cerebro ha aprendido a incluir los recuerdos del pasado en el presente mismo como fantasmas vivientes y, si bien eso duele cuando percibes que no son más que fantasmas, durante un rato sirve para crear una ilusión de continuidad maravillosa.
Nada fuera de lo normal en el Blue. Charlando, bailando y tomando cerveza. Viendo gente que baila maravillosamente haciendo cosas con las que yo ni sueño. Y entonces la cosa cambia.
Llega un chico peruano, Amilcar, chico simpático y que sabe bailar, con una chica mona de cara con aspecto de europea. Salen a bailar y se ve que bailan bien. Pero siempre queda la duda de si bailan bien porque él es bueno y sabe llevarla y dirigirla correctamente -igual que en la orquesta dicen que el miembro más importante es el director, que con su batuta marca los movimientos y las entradas- o si es porque los dos son buenos. Al cabo de un par de bailes queda claro que ella es buena. Muy buena. Y tiene algo más, algo en su porte, en su forma de estar y moverse que la hace destacar sobre el resto de gente en la pista. Qué es?
Se cansan y se dirigen a una mesa para sentarse un rato y recuperar líquido. Entonces me doy cuenta, al verla andar hacia allí, que efectivamente tiene algo. Nada que ver con sensualidad o contoneos. Anda con un estilo y una elegancia que no tienen relación alguna con la salsa, algo que debe venirle de dentro o de hace tiempo, algo que recuerda a la tópica imagen de chicas caminando con libros en la cabeza pero que no permite explicar racionalmente cómo ella se mueve así.
En un momento, Julio le pregunta a Amilcar algo parecido a 'de dónde sale esa chica'. Parece ser que es polaca -yo la habría asociado más con Rumanía, quizá como consecuencia de la elegancia de Drácula, de otro mundo y otro tiempo- y que es bailarina profesional. Eso explica mucho. Esos movimientos, ese estilo, no es algo que se aprenda en clases ni 'en la calle'. Es algo que va más allá, es una forma de vida, sin duda alguna.
Y al final llega, para mi, el momento culminante. Empieza a sonar 'Son latinos', una canción que aquí se baila grupalmente. Todo el mundo sale a la pista y se forman en filas y columnas aproximadamente y bailan los mismos pasos -dos adelante, dos atrás, inclinarse sacudiendo los hombros, enderezarse, dos pasos a la izquierda, pequeño salto levantando una pierna y giro de noventa grados- más o menos conjuntadamente. Hoy se ven, desde mi posición, cuatro filas y cinco o seis personas en cada una salvo ella que está sola en su columna, como presidiendo el baile. Destaca. Todos de negro u oscuro, un par de claro, ella con blusa blanca sin mangas y hombros descubiertos, decoración brillante por delante y un poco de espalda descubierta también, pantalones negros y zapatos negros casi sin tacón.
Realizan todos los mismos pasos pero es totalmente distinto. Los demas bailan o hacen el vainas, ella fluye. El salto que en el resto queda torpe, gamberro o descontrolado, en ella es parte perfecta del movimiento, como si no se pudiese imaginar nada más entre un movimiento y otro, es una consecuencia lógica del baile.
He estado en un par de ballets y danzas y me asombran esos movimientos y expresividades. Pero reconozco que hoy me habría quitado el sombrero. Ella no era tan buena como los espectáculos que he visto, pero quizá porque fuese salsa, quizá por la comparación con el resto, quizá porque estaba a su misma altura y a pocos metros, ha sido un espectáculo increible.
Con ello, una vez más llego a mi eterna conclusión. La mujer es un ser superior. Posee la belleza en sí misma. Y en los bailes se nota más. Sin el hombre no es lo mismo, de acuerdo. Quizá él sea el que dirige y eso permite ver las cosas que se ven, pero el baile son ellas, sus movimientos, sus curvas propias y danzadas. Pero eso requiere un blog por sí mismo cuanto menos.
Simplemente, hoy he vuelto a recuperar mi total admiración -aunque nunca la pierdo- por ese ser fantástico que es la mujer. Va por ellas.
Ahora me gustaría verla bailar un tango.
Un miércoles más hemos ido al Blue Note, el bar latino de Göttingen, a tomar algo y bailar, o intentarlo un poco. Ha habido muy importantes ausencias pero mi cerebro ha aprendido a incluir los recuerdos del pasado en el presente mismo como fantasmas vivientes y, si bien eso duele cuando percibes que no son más que fantasmas, durante un rato sirve para crear una ilusión de continuidad maravillosa.
Nada fuera de lo normal en el Blue. Charlando, bailando y tomando cerveza. Viendo gente que baila maravillosamente haciendo cosas con las que yo ni sueño. Y entonces la cosa cambia.
Llega un chico peruano, Amilcar, chico simpático y que sabe bailar, con una chica mona de cara con aspecto de europea. Salen a bailar y se ve que bailan bien. Pero siempre queda la duda de si bailan bien porque él es bueno y sabe llevarla y dirigirla correctamente -igual que en la orquesta dicen que el miembro más importante es el director, que con su batuta marca los movimientos y las entradas- o si es porque los dos son buenos. Al cabo de un par de bailes queda claro que ella es buena. Muy buena. Y tiene algo más, algo en su porte, en su forma de estar y moverse que la hace destacar sobre el resto de gente en la pista. Qué es?
Se cansan y se dirigen a una mesa para sentarse un rato y recuperar líquido. Entonces me doy cuenta, al verla andar hacia allí, que efectivamente tiene algo. Nada que ver con sensualidad o contoneos. Anda con un estilo y una elegancia que no tienen relación alguna con la salsa, algo que debe venirle de dentro o de hace tiempo, algo que recuerda a la tópica imagen de chicas caminando con libros en la cabeza pero que no permite explicar racionalmente cómo ella se mueve así.
En un momento, Julio le pregunta a Amilcar algo parecido a 'de dónde sale esa chica'. Parece ser que es polaca -yo la habría asociado más con Rumanía, quizá como consecuencia de la elegancia de Drácula, de otro mundo y otro tiempo- y que es bailarina profesional. Eso explica mucho. Esos movimientos, ese estilo, no es algo que se aprenda en clases ni 'en la calle'. Es algo que va más allá, es una forma de vida, sin duda alguna.
Y al final llega, para mi, el momento culminante. Empieza a sonar 'Son latinos', una canción que aquí se baila grupalmente. Todo el mundo sale a la pista y se forman en filas y columnas aproximadamente y bailan los mismos pasos -dos adelante, dos atrás, inclinarse sacudiendo los hombros, enderezarse, dos pasos a la izquierda, pequeño salto levantando una pierna y giro de noventa grados- más o menos conjuntadamente. Hoy se ven, desde mi posición, cuatro filas y cinco o seis personas en cada una salvo ella que está sola en su columna, como presidiendo el baile. Destaca. Todos de negro u oscuro, un par de claro, ella con blusa blanca sin mangas y hombros descubiertos, decoración brillante por delante y un poco de espalda descubierta también, pantalones negros y zapatos negros casi sin tacón.
Realizan todos los mismos pasos pero es totalmente distinto. Los demas bailan o hacen el vainas, ella fluye. El salto que en el resto queda torpe, gamberro o descontrolado, en ella es parte perfecta del movimiento, como si no se pudiese imaginar nada más entre un movimiento y otro, es una consecuencia lógica del baile.
He estado en un par de ballets y danzas y me asombran esos movimientos y expresividades. Pero reconozco que hoy me habría quitado el sombrero. Ella no era tan buena como los espectáculos que he visto, pero quizá porque fuese salsa, quizá por la comparación con el resto, quizá porque estaba a su misma altura y a pocos metros, ha sido un espectáculo increible.
Con ello, una vez más llego a mi eterna conclusión. La mujer es un ser superior. Posee la belleza en sí misma. Y en los bailes se nota más. Sin el hombre no es lo mismo, de acuerdo. Quizá él sea el que dirige y eso permite ver las cosas que se ven, pero el baile son ellas, sus movimientos, sus curvas propias y danzadas. Pero eso requiere un blog por sí mismo cuanto menos.
Simplemente, hoy he vuelto a recuperar mi total admiración -aunque nunca la pierdo- por ese ser fantástico que es la mujer. Va por ellas.
Ahora me gustaría verla bailar un tango.
